lunes, 23 de junio de 2008

Esperando

Empezaba la tarde, de un día gris de otoño, ese gris inconfundible de la ciudad. Y entre la gente que sube y baja por las escalera, la gente que mira por la vidriera, y los demás que recorren atentos las mesas y estantes de libros.

Federico aprieta el paso, se hace lugar entre el tumulto que esta impaciente esperando para entrar, muestra su tarjeta magnética al guardia de seguridad que intenta contener a la gente. Consigue entrar pero irremediablemente a quedado un poco estrujado después de abrirse paso repasa mentalmente con cuidado si tiene todo lo necesario con el: portátil, auriculares, ipod, móvil.

Da un respiro mientras se quita la bufanda, alcanza con la mirada al mozo, mientras escoge una mesa donde sentarse desde donde pueda ver quien atraviesa por la puerta.

Recorre con mano firme su cabello para verificar que esta bien acomodado. Estira un poco su remera, abre su bolso saca la portátil, mientras esta enciende, busca entre los compartimientos del bolso los auriculares. Suena el móvil, atiende, pero no despega la mirad de la puerta, dice — bueno, te espero, pero por favor, cualquier cosa avísame, cuelga.

Respira profundo pero pausado, tira para atrás los hombros, mueve la cabeza de un costado al otro. Llegan el porrón de cerveza queso y aceitunas para acompañar, sonríe al mozo y allí inmediatamente después acomoda los auriculares, pone play y empieza su viaje hacia el interior, interior de si mismo, donde no existe dimensión del tiempo, ni del lugar, ni mucho menos ninguna otra cosa.

Recuerda como si lo estuviera viviendo en ese preciso instante, el momento en que cuando era chico una tarde de verano yendo con sus amigos a la playa, junto con su hermano menor, caminaban descalzos, el sol inundaba sus rostros, estaban juntos y eran tan felices.
Llegaron a la orilla del mar, empiezan a chapotear, y deciden jugar un partido de fútbol, eran 7, así que obviamente alguien debía quedarse sentado, deciden sus compañeros de grupo y el como algunas tantas veces queda fuera, no emite palabra agacha la mirada y solo se sienta a un costado, esperando a que terminen o que uno se canse para entrar el, de ese momento recuerda lo feliz que era, pero también recuerda que tuvo que esperar, esa, y otra, y otro vez.

Tres horas después, el mozo se acerca haciendo señas de que tiene que cerrar, reacciona, se despabila del letargo, La cerveza termino, y el compilado de Keane, Oasis y Coldplay también. Lo que nunca termino o mejor dicho nunca empezó fue la entrevista que tenia pactada para esa tarde.

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